
Gladys Acha
Blog diseñado para compartir esa clase de amor que no se puede comparar con nada. El amor por las letras.
La dejó para siempre bajo una lluvia torrencial. Empapada, ella llovió lágrimas y su corazón llovió sangre. Otros soles asomaron tras los nubarrones de su vida. Aunque, muy de vez en cuando, y tenuemente, ella llueve... Acaso nunca dejó de llover.
XXVIII (A Aldous Huxley, In Memorian)
Gladys Acha
XLV Los martes a las 9 de la noche. De tanto verse en ese lugar y a esa hora, la circunstancia era como una cita obligada. El pedía un agua tónica y ella se la traía, solícita, en la bandeja. Apenas si cruzaban sus miradas, un “¡Hola!” y un “Hasta el martes que viene”. La carcomía la curiosidad de saber qué motivaba a ese señor de traje y corbata, tan fuera de lugar en esa ruidosa confitería, la necesidad de sentarse en esa mesa, siempre solo, siempre melancólico. Él sabía que jamás se atrevería a declararle su amor. Al menos, cada martes, con un sorbo de agua tónica burbujeando en su paladar, podía disfrutar de sus largas piernas y de sus ojos negros. Un martes de enero, él falto a la cita. Otro parroquiano, también pescador de almas solitarias, le musitó a la mesera lo que ella necesitaba escuchar. Él continúa con sus martes de agua tónica. Ella no trabaja más en la confitería.