
Suele descansar el árbol sobre
la cabeza de un goliat mudo
de gritos impostores de luces.
Me aguardan a la vuelta de una esquina
que no existe
-acaso porque no la he inventado,
acaso porque no ha deseado ser inventada-
Pero cada esquina de mis olvidos
la recuerda inequívoca
como ansía ser en su adolescencia
arrebatada.
Y yo sigo aquí.
Esperada.
Esperando.
En una esquina.
En una nada que
susurra por los cuatro costados
que ya venís.
Que este
-y no otro-
es el momento.
El momento que áun no ha sido
inventado
porque no lo ha querido.
El que habremos de inventar
desde ahora.
Gladys Acha